
El PRP no es otra cosa que plasma sanguíneo muy concentrado en plaquetas que contiene además factores de crecimiento y proteínas bioactivas como citoquinas.
Cuando se administra a nivel capilar, por una parte activa la proliferación de fibroblastos. Células esenciales para la estructura del folículo piloso que sintetizan colágeno, elastina y ácido hialurónico.
Por otro lado, incrementa la vascularización en la papila dérmica. Se crean nuevos vasos sanguíneos y le llegan más nutrientes al pelo.
De esta forma, y siempre que la raíz esté intacta, el PRP combate la alopecia al revitalizar los cabellos muy débiles que están a punto de perderse. Estimula su crecimiento, grosor y pigmentación.
Se realiza sin cirugía de la siguiente manera:
Se extrae una muestra de sangre pequeña (10mL) al paciente como se haría en cualquier análisis rutinario.
Se centrifuga para separar sus componentes sólidos (glóbulos rojos y blancos) de los líquidos (plasma).
Se selecciona la fracción del plasma más concentrada en plaquetas (para los curiosos: por encima de 1.000.000 por microlitro). Esto es el PRP como tal.
Se activa con un compuesto que provoca que las plaquetas liberen factores de crecimiento.
Se aplica en el cuero cabelludo mediante microinyecciones para que llegue al folículo piloso y pueda mejorar la calidad del pelo. Es un proceso casi indoloro.
Siempre se administra en las zonas en las que hay una mayor pérdida de cabello. Con frecuencia son la primera línea de la zona frontal, el área central de la cabeza y la coronilla.
Para que la terapia sea efectiva tienen que hacerse varias sesiones. El número puede variar según el caso, pero en general se aconsejan cuatro al año: una mensual hasta el tercer mes incluido, y una cuarta en el séptimo mes.
Los resultados se empiezan a notar a partir de los tres primeros meses.
Por tanto, se indica en hombres y mujeres de cualquier edad que presenten:
Antecedentes directos de calvicie en la familia.
Alopecia difusa, androgénica, areata o cicatricial.
Pelo fino y frágil o pérdida gradual de densidad.

El PRP no es otra cosa que plasma sanguíneo muy concentrado en plaquetas que contiene además factores de crecimiento y proteínas bioactivas como citoquinas.
Cuando se administra a nivel capilar, por una parte activa la proliferación de fibroblastos. Células esenciales para la estructura del folículo piloso que sintetizan colágeno, elastina y ácido hialurónico.
Por otro lado, incrementa la vascularización en la papila dérmica. Se crean nuevos vasos sanguíneos y le llegan más nutrientes al pelo.
De esta forma, y siempre que la raíz esté intacta, el PRP combate la alopecia al revitalizar los cabellos muy débiles que están a punto de perderse. Estimula su crecimiento, grosor y pigmentación.
Se realiza sin cirugía de la siguiente manera:
Se extrae una muestra de sangre pequeña (10mL) al paciente como se haría en cualquier análisis rutinario.
Se centrifuga para separar sus componentes sólidos (glóbulos rojos y blancos) de los líquidos (plasma).
Se selecciona la fracción del plasma más concentrada en plaquetas (para los curiosos: por encima de 1.000.000 por microlitro). Esto es el PRP como tal.
Se activa con un compuesto que provoca que las plaquetas liberen factores de crecimiento.
Se aplica en el cuero cabelludo mediante microinyecciones para que llegue al folículo piloso y pueda mejorar la calidad del pelo. Es un proceso casi indoloro.
Siempre se administra en las zonas en las que hay una mayor pérdida de cabello. Con frecuencia son la primera línea de la zona frontal, el área central de la cabeza y la coronilla.
Para que la terapia sea efectiva tienen que hacerse varias sesiones. El número puede variar según el caso, pero en general se aconsejan cuatro al año: una mensual hasta el tercer mes incluido, y una cuarta en el séptimo mes.
Los resultados se empiezan a notar a partir de los tres primeros meses.
Por tanto, se indica en hombres y mujeres de cualquier edad que presenten:
Antecedentes directos de calvicie en la familia.
Alopecia difusa, androgénica, areata o cicatricial.
Pelo fino y frágil o pérdida gradual de densidad.